Cómo leer etiquetas nutricionales (y ayudar a tus clientes a hacerlo)

El consumidor medio se ha vuelto mucho más exigente con lo que come. 

Ya no se trata solo del precio o del sabor: cada vez más personas quieren saber qué están comprando realmente. Y para eso, lo primero de todo es saber leer las etiquetas de los productos (y entenderlas).

Para ti esto representa una gran oportunidad: saber cómo se leen las etiquetas nutricionales te da la posibilidad de elegir mejor los productos que ofreces, asesorar a tus clientes con conocimiento y, con todo esto, ganarte su confianza.

La importancia de entender las etiquetas

Las etiquetas nutricionales no son solo un requisito legal: son una herramienta de transparencia que consigue que el consumidor sepa qué compra y pueda comparar productos con la información adecuada.

Comprender bien cómo funcionan las etiquetas es una ventaja competitiva. No solo ayuda a seleccionar productos de calidad, sino que también mejora la relación con los clientes.

Piensa que si tu equipo explica claramente por qué un producto tiene menos azúcar o qué significa “sin aceite de palma”, estás ofreciendo un servicio de valor añadido.

Además, las marcas que apuestan por etiquetas más claras o ingredientes reconocibles generan más confianza, clave en un momento en el que el realfooding, la alimentación saludable y la sostenibilidad marcan tendencia, como lo hacen actualmente.

Qué debe incluir una etiqueta nutricional

La normativa europea exige que la etiqueta de un producto alimenticio incluya una serie de datos básicos que deben estar siempre visibles y ser legibles

Información obligatoria de una etiqueta nutricional

Nombre del producto: debe describirlo con toda la precisión posible (por ejemplo, “galletas integrales de avena”).

Lista de ingredientes: ordenados de mayor a menor cantidad, siendo el primero el que esté presente en mayor proporción.

Alérgenos: gluten, frutos secos o lactosa, … que deben aparecer destacados (en negrita o mayúsculas).

Cantidad neta: peso o volumen del producto.

Fecha de caducidad o consumo preferente.

Condiciones de conservación, si necesita estar en frío una vez abierto, por ejemplo.

Nombre y dirección del fabricante o distribuidor.

País de origen, solo en caso de que sea relevante.

Información nutricional: esta es la parte más técnica y compleja, pero también la más útil para comparar productos.

¿Cómo se lee la tabla nutricional de un producto?

Entenderla bien permite saber de un vistazo si un producto encaja con los hábitos de tus clientes o con la imagen de tu supermercado. Para hacerlo, lo primero es saber que, normalmente, incluye los valores por 100 gramos o mililitros, pero a veces también por ración.

Energía (calorías)

Se expresa en kilojulios (kJ) y kilocalorías (kcal)

No hay un valor “bueno o malo”, pero sí puedes observar si un producto es muy calórico para su tamaño o si se ajusta al tipo de producto que representa (por ejemplo, una galleta siempre será más calórica que una fruta deshidratada).

Grasas y grasas saturadas

Las grasas son necesarias, pero las grasas saturadas deben limitarse. 

Si un producto tiene más de un 5-6 % de grasas saturadas, probablemente no sea la opción más equilibrada.

Hidratos de carbono y azúcares

Este apartado diferencia entre los hidratos totales y los azúcares, tanto naturales como añadidos.

Un consejo: si el producto tiene más de 5 gramos de azúcar por cada 100, ya se considera “alto en azúcares”.

Proteínas

Esenciales para la dieta

Suelen ser un indicador de calidad nutricional, sobre todo en productos vegetales (como legumbres, tofu o frutos secos), en los que es un valor clave para destacar.

Sal (o sodio)

El exceso de sal está muy presente en productos procesados. Una buena referencia es que no supere 1,5 gramos de sal por cada 100.

Otros elementos que debes mirar

Además de la tabla, hay otros aspectos que te ayudan a diferenciar un producto saludable de otro que solo lo parece.

La lista de ingredientes

Cuanto más corta y sencilla, mejor. Si el producto tiene una larga lista con nombres difíciles de pronunciar o códigos tipo E-330, E-202,..., es probable que sea un alimento muy procesado.

El orden importa

Recuerda: el primer ingrediente es el que más cantidad tiene. 

Si el primer ingrediente de un “yogur natural” es el azúcar, probablemente no sea la opción más recomendable.

El marketing nutricional

Frases como “bajo en grasa”, “natural”, “sin azúcar añadido” o “rico en fibra” pueden ser engañosas si no se interpretan correctamente. Un ejemplo que seguro conoces es el de aquellos productos que se indican como “bajo en grasa” y luego tienen un alto contenido en azúcares.

Los sellos y certificaciones

Cada vez más productos incluyen sellos como “ecológico”, “comercio justo” o “vegano”, y ya tienen un peso considerable en la decisión de compra, especialmente entre los consumidores más jóvenes, y conviene asegurarse de que sean certificaciones oficiales.

Cómo explicar las etiquetas a tus clientes

No todos los clientes saben leer o interpretar una etiqueta, y ahí está una de las oportunidades más atractivas para un supermercado que así se acerca más a ellos y facilita fidelizarlos.

Formación del personal

Formar al equipo en aspectos básicos de nutrición y etiquetado es fundamental. No se trata de que sean expertos, sino de que sean capaces de dar explicaciones sencillas y acertadas.

Por ejemplo: saber qué diferencia hay entre “sin azúcar añadido” y “sin azúcares”, explicar qué significa “con aceite de girasol alto oleico” y orientar sobre qué productos son más adecuados para personas con alergias o intolerancias.

Señalización en tienda

Algunos establecimientos ya usan carteles informativos junto a los productos para explicar sus características nutricionales, como “Sin azúcares añadidos”, “Alto contenido en proteínas” o “Producto local”.

Con estas acciones se facilita la compra y se genera confianza.

En los supermercados, donde la competencia es tanta y está tan cerca aportar información clara y basar el trato con el cliente en la honestidad, se han convertido en el mejor argumento de venta. Y todo empieza por saber leer bien una etiqueta.

¿Cómo será el supermercado eficiente en 2030?

La eficiencia energética en supermercados suele abordarse como una cuestión puramente técnica: cambiar bombillas, ajustar la climatización o invertir en equipos más modernos. 

Sin embargo, hoy ya no basta con aplicar medidas puntuales. La gestión inteligente de la energía se ha convertido en un factor estratégico que afecta a la rentabilidad, la reputación y la capacidad de adaptación al futuro de cualquier supermercado.

Debemos considerar la eficiencia energética como una oportunidad de negocio que merece la pena integrar, con el ojo puesto en 2030.

El nuevo contexto energético: los supermercados en el punto de mira

Los supermercados son espacios de alto consumo energético continuo. La iluminación debe funcionar prácticamente todo el día, la refrigeración y la climatización no se pueden detener, y a ello se suman hornos, cafeterías o puntos de cocinado en los formatos más modernos.

Algunos datos que te pueden dar una idea son:

La refrigeración representa entre el 40% y el 60% del consumo energético total.

La iluminación supone entre el 15% y el 25%.

La climatización ronda el 10%-15%.

En un contexto de los precios de la energía, esto supone una amenaza para la rentabilidad. Pero al mismo tiempo, una oportunidad, porque los clientes valoran cada vez más la responsabilidad ambiental de las marcas. Sin olvidar que las políticas europeas están impulsando la transición hacia un modelo más sostenible.

Nuevas vías para ahorrar energía

Solemos pensar en las medidas más conocidas: cambiar bombillas por LED, ajustar termostatos o apagar equipos que no s eestén utilizando. Pero la innovación en este campo va mucho más allá. Hoy existen soluciones que permiten convertir el supermercado en un espacio generador de energía, más autónomo y resiliente, además de alinearlo con las expectativas de los consumidores y las exigencias normativas.

Generación renovable in situ

Cada vez más establecimientos instalan placas solares fotovoltaicas en sus cubiertas. El ahorro puede llegar al 30%-40% del consumo eléctrico, y en muchos casos se complementa con sistemas de almacenamiento en baterías que garantizan autonomía y estabilidad.

Además, algunos grupos están explorando acuerdos de comunidades energéticas locales, compartiendo excedentes con otros negocios o vecinos. Esto genera un vínculo positivo con la comunidad.

Recuperación de calor

Un supermercado genera grandes cantidades de calor residual, especialmente en la zona de refrigeración, que puede recuperarse y reutilizarse para calentar agua o climatizar otras áreas.

Así se reduce el consumo de calefacción hasta en un 25%.

Inteligencia artificial y big data

La digitalización permite monitorizar en tiempo real el consumo energético. Pero el siguiente paso es usar algoritmos de IA que anticipen patrones de demanda, ajusten la temperatura automáticamente o detecten anomalías antes de que se conviertan en averías.

Te ponemos un ejemplo: un sistema que aprenda el flujo de clientes y adapte la iluminación y climatización a las horas de mayor o menor afluencia.

Diseño arquitectónico sostenible

La eficiencia no depende solo de la tecnología. El diseño del espacio también juega un papel clave, con la arquitectura bioclimática.

Aquí se vuelve fundamental el uso de materiales aislantes, los cristales de fachada de cristales de baja emisividad y una distribución de las secciones que optimice la refrigeración y el ir y venir de clientes.

Mirando hacia 2030: tendencias que marcarán el camino

La eficiencia energética no es solo un reto hoy, también es una carrera hacia mañana. En un horizonte como 2030, marcado por los objetivos de descarbonización y la presión regulatoria europea, los supermercados no podrán limitarse a “ser más eficientes”: tendrán que transformarse en espacios inteligentes, autónomos y conectados con la comunidad.

Estas son algunas de las tendencias que ya se perfilan y que redefinirán cómo se concibe un supermercado sostenible en la próxima década:

Hiperautomatización y gemelos digitales

Además de integrar todos los sistemas bajo un mismo software, surgirán los llamados gemelos digitales: réplicas virtuales del supermercado que permiten simular escenarios energéticos, anticipar consumos y planificar mantenimientos con precisión.

Supermercados nZEB y positivos en energía

Los edificios de consumo casi nulo darán paso a supermercados que generan más energía de la que consumen, gracias a la combinación de fotovoltaica, baterías y microeólica. El excedente se podrá volcar en la red o utilizar para recargar vehículos eléctricos de clientes y proveedores.

IA predictiva y adaptación dinámica

Los algoritmos evolucionarán hacia sistemas capaces de anticipar patrones de comportamiento de clientes: si hace calor y se espera más afluencia a la sección de bebidas frías, el sistema lo sabrá antes de que ocurra y ajustará la refrigeración.

Movilidad eléctrica integrada

Los supermercados no serán solo puntos de compra, sino centros de recarga para vehículos eléctricos. Esto los convertirá en referentes de sostenibilidad y atraerá clientes por conveniencia.

Certificaciones “climate positive”

No bastará con ser neutro en carbono, las grandes cadenas buscarán certificaciones que demuestren que aportan más al medio ambiente de lo que consumen, como plantar bosques o financiar proyectos de compensación en la comunidad.

Diseño experiencial y sostenible

La sostenibilidad será visible en la propia experiencia de compra: techos verdes, espacios con ventilación natural, señalización que muestre el ahorro energético en tiempo real… El cliente vivirá la sostenibilidad como parte de la experiencia de marca.

La eficiencia energética ya no es un proyecto aislado. En un sector donde los márgenes son ajustados y la competencia feroz, cada kilovatio cuenta, y aquellos establecimientos que conviertan la energía en una parte del negocio a tener muy en cuenta, y no en un lastre, estarán mejor posicionados para liderar el mercado en los próximos años.

Tendencias de alimentación que hay que tener en cuenta

El sector de la alimentación cambia a gran velocidad. Lo que antes parecía una moda pasajera hoy se convierte en una categoría establecida dentro de los lineales. 

Hablamos de todos esos nuevos productos, nuevas formas de consumo y nuevas necesidades de los clientes que obligan a los supermercados a adaptarse si quieren seguir siendo relevantes y destacar.

Repasemos las más destacadas en alimentación y veamos cómo aplicarlas en tu supermercado para atraer y fidelizar clientes.

La importancia de adaptarse a las nuevas tendencias

No todas las tendencias de alimentación terminan consolidándose, pero cuando una gana espacio en los hábitos de los consumidores, ignorarla es un error enorme que deriva en pérdidas económicas y de clientes.

Adaptarse a los cambios es simplemente observar qué demanda tu clientela, probar con pequeñas incorporaciones (esas que ves que más destacan), analizar los resultados y valorar si en tu caso es conveniente mantenerlas.

Por qué merece la pena adaptarse

Adaptarte a las tendencias es una manera de asegurar el futuro de tu negocio, sin perder de vista a tu clientela habitual, por otro lado:

Aumenta la competitividad: ofrecer productos que otros supermercados del barrio todavía no tienen es una ventaja que te coloca un paso por delante de tu competencia más directa.

Fideliza a nuevos perfiles de cliente: especialmente jóvenes que buscan novedades alineadas con su estilo de vida y llegan con unas costumbres a las que debes adaptarte para mantenerlos cerca.

Refuerza la imagen de tu negocio: mostrar que estás al día, que te adaptas a todo eso que aparece, transmite profesionalidad y confianza.

Tendencias 2026: hacia dónde va la alimentación

Los expertos señalan algunas direcciones claras en el consumo de los próximos años. Aunque no todas están plenamente asentadas en 2025, conviene conocerlas para anticiparte a 2026. 

  • Mayor peso de lo vegetal: No solo se trata de disminuir el consumo de proteínas de origen animal, sino también de ofrecer snacks, lácteos y platos preparados con este tipo de proteínas.
  • Comida personalizada: Los clientes que tienes ahora ya lo hacen, solamente que seguirán buscando opciones que respondan a necesidades concretas (sin gluten, alta en fibra, con probióticos). No debes olvidarlo.
  • Packaging inteligente: Importante: envases que informen sobre la frescura o indiquen la trazabilidad del producto. Además de que estén hechos con materiales que dañen lo menos posible al medioambiente.
  • Digitalización del punto de venta: Desde cajas de autoservicio más ágiles hasta apps que recomiendan recetas con lo que compras. Cada establecimiento debe tener en cuenta los recursos que tiene y aprovechar cualquiera de ellas.
  • Consumo consciente: Este punto ya es uno de los más tenidos en cuenta en 2025. Valorar más la sostenibilidad, el comercio justo y la reducción de desperdicio. Seguramente ya te has adaptado a todo esto, solo se trata de continuar.

Para un propietario de supermercado, estar atento a estas tendencias es clave. No necesitas adoptarlas todas de golpe, como decimos, pero sí identificar cuáles pueden tener mejor encaje con tu clientela y tu capacidad de gestión.

El realfooding: una moda que se quedará

El término realfooding se ha hecho muy popular en los últimos años, sobre todo gracias a las redes sociales. Su filosofía es sencilla: comer productos lo más naturales posible, evitando los ultraprocesados y apostando por ingredientes frescos y reconocibles.

Para un supermercado, implica que los clientes no solo buscan manzanas o tomates, sino que esperan que los productos envasados también sean “limpios”: con pocos ingredientes, sin aditivos innecesarios y con etiquetas transparentes.

Para adaptarte:

  • Da más visibilidad a los productos frescos en la entrada de la tienda.
  • Incluye en los lineales opciones de snacks saludables, con etiquetas claras.
  • Señala con cartelería sencilla los productos sin azúcares añadidos, sin conservantes o con ingredientes 100 % naturales.

Proteínas vegetales: el crecimiento de “lo verde”

Su consumo ya no es exclusivo de vegetarianos o veganos. Cada vez más personas incluyen en su dieta alternativas a la carne, ya sea por motivos de salud, sostenibilidad o simple curiosidad.

Hoy en día no hablamos solo de tofu o seitán, sino también de hamburguesas vegetales, nuggets, embutidos sin carne y bebidas proteicas a base de guisante, soja o avena. La innovación en este segmento de la alimentación es constante, y los clientes lo saben.

Una oportunidad para tu negocio, sin duda, por lo que es bueno tenerla como objetivo:

  • Amplía la oferta de alternativas vegetales más allá de la clásica “sección vegana”.
  • Integra estos productos junto a sus equivalentes tradicionales.
  • Comunica con claridad que son opciones para todos, no solo para un público especializado.

Lo local y artesanal en auge

Los consumidores valoran cada vez más el origen de los productos. Quieren saber de dónde vienen los alimentos, quién los produce y bajo qué condiciones.

Ofrecer esa información es un enorme beneficio para tu local que te diferencia frente a grandes cadenas que trabajan con distribuidores globales. No solo eso, sino que te ofrece una mayor conexión emocional con los clientes, que te perciben como parte de la comunidad.

Y, por último, te da la oportunidad de contar historias: detrás de cada producto local hay un productor, una tradición o una forma de trabajar que seguro merece 

Alimentos funcionales y saludables

No se trata solo de comer, sino de mejorar la salud con la alimentación. Los alimentos funcionales (aquellos enriquecidos con vitaminas, probióticos, minerales o proteínas) están en pleno crecimiento.

Ejemplos que conoces son los yogures con probióticos, las bebidas enriquecidas con calcio o las barritas energéticas con vitaminas añadidas. De ellos, es importante que tengas en cuenta que suelen atraer a un público dispuesto a pagar más por el beneficio extra. 

Otro aspecto fundamental es colocarlos en zonas destacadas y acompañarlos de información clara y sencilla. Ten en cuenta que no sustituyen a los frescos, sino que los complementan, y eso el cliente lo debe tener claro.

Sostenibilidad: el camino del envase al producto

La preocupación por el medioambiente influye en las decisiones de compra cada vez más.

La mayoría de consumidores valoran los envases reciclables, las opciones a granel y los productos con certificaciones sostenibles. A esta demanda es importante que respondas:

  • Valora las secciones en las que pueden ser más destacables y amplía con más productos a granel o con envases compostables.
  • Señala con claridad aquellos artículos que tengan certificaciones ecológicas o de comercio justo; es una información que tu cliente agradece conocer.
  • Ofrece alternativas en la línea de cajas con bolsas reutilizables, recipientes de papel o de tela…

Las tendencias en alimentación muestran un cambio claro en los hábitos de consumo y es un reto no quedarse atrás, tanto para continuar en el punto de mira de tus clientes como para atraer a otros que hasta ahora no te habían tenido en cuenta y es el momento de que lo hagan.