Después de Navidad, toca volver a la realidad

Entrar a un supermercado en enero es una experiencia curiosa. No hay villancicos, no hay luces, no hay montañas de productos colocados para deslumbrar. Y, aun así, todo sigue ahí. Los lineales, los pasillos, los carritos, las cajas, …, y todo tu personal de vuelta a la normalidad.

Algo ha cambiado, pero no sabrías decir exactamente qué. Es como si el supermercado, después de semanas de exceso, hubiera decidido volver a hablar bajito.

Y es justo ahí, cuando se apagan los adornos, cuando se muestra tal y como es.

Cuando desaparece el decorado, aparece la tienda de verdad

Durante la Navidad, el supermercado se transforma. Se llena de estímulos, de mensajes, de reclamos visuales que compiten entre sí. Todo brilla un poco más. Todo intenta llamar la atención.

En enero, en cambio, el decorado desaparece. Y lo que queda es el espacio.

El recorrido se vuelve más evidente. Los pasillos muestran si son claros o confusos. Las secciones revelan si están pensadas para facilitar o para empujar. Ya no hay distracciones que disimulen una mala señalización o un orden poco intuitivo.

Es en este momento cuando se nota si una tienda funciona de verdad en el día a día. Si acompaña al cliente o si lo obliga a adaptarse.

Porque enero no perdona. No disfraza nada y deja ver todo lo bueno y lo menos bueno de tu supermercado.

El cliente también ha cambiado 

El cliente que entra al supermercado en enero no es el mismo que en diciembre, ya no  viene con prisa por celebrar ni con la excusa del “ya es Navidad”.

Viene cansado. 

Viene con menos presupuesto.

Viene con ganas de decidir rápido y marcharse.

No busca inspiración, busca claridad. No quiere perder tiempo comparando diez opciones, quiere entender cuál le conviene.

Y aunque no lo exprese, su forma de moverse lo dice todo: mira más las etiquetas, se detiene menos frente a los productos que no conoce, evita los desvíos innecesarios.

Enero es el mes de la compra consciente

Después de los excesos, enero trae una compra más reflexiva. No necesariamente más saludable, ni más austera, pero sí más pensada. Ahora se compra lo que se necesita, ni más ni menos. O, al menos, intenta hacerlo.

Por eso, en este mes, el supermercado deja de ser un espacio de impulso y se convierte en un espacio de decisión. Cada elemento cuenta: la forma en la que se presentan los productos, la facilidad para comparar, la sensación de orden, todo ayuda para que este “nuevo” consumidor encuentre lo que necesita.

Cuando todo está en su sitio, el cliente avanza con seguridad, pero cuando no lo está, la incomodidad se nota más que nunca.

Enero ya ha dejado de celebrar y debe acompañar y ayudar, y tu supermercado debe demostrarlo sin que apenas se note.

Menos estímulos, más recorrido

Con menos campañas visibles y menos ruido visual, el recorrido del cliente se vuelve protagonista. Ya no hay grandes reclamos que marquen el camino, así que el espacio tiene que sostenerse por sí solo. Toca revisar:

 ¿El recorrido fluye o se interrumpe?

¿Se entiende dónde empieza cada sección?

 ¿El cliente sabe por dónde continuar sin detenerse a pensar?

En enero, el cliente no tiene paciencia para perderse. Si duda, si se detiene demasiado, si tiene que volver atrás, algo falla. Y no es una cuestión de prisas, sino de energía. Después de las fiestas, nadie quiere invertir más de la necesaria en una compra cotidiana.

Por eso este mes es tan revelador: muestra con claridad si el diseño del supermercado está pensado para el cliente real o para un cliente ideal que solo existe en campañas.

Cuando el supermercado deja de prometer y empieza a cumplir

Durante el año, muchas tiendas prometen: en Navidad, prometen emoción y, en otras épocas, prometen ahorro, rapidez o experiencia.

En enero, un supermercado no hace falta que prometa nada, simplemente tiene que funcionar: ser cómodo, claro y fácil. Y eso es más difícil de lo que parece.

Porque no hay una campaña que lo tape todo. No hay una música que suavice la espera. No hay un decorado que distraiga. Lo que hay es rutina y exige coherencia.

Enero como espejo del día a día

Si una tienda funciona bien en enero, funcionará el resto del año. Porque enero es el mes más honesto del calendario.

No hay disfraces, no hay excusas, no hay prisas emocionales. Solo clientes que quieren hacer su compra sin complicaciones. Es el mes en el que se nota si el supermercado está diseñado para acompañar o para imponer. Si entiende los ritmos reales del cliente o si se limita a seguir fórmulas.

Volver a la realidad no es algo negativo, todo lo contrario, es  una oportunidad para observar, ajustar, entender qué se necesita mejorar y hacerlo para estar a la altura de los meses que quedan por delante.

Los 7 errores más comunes en la señalización de un supermercado

La señalización de un supermercado parece un detalle menor… hasta que un cliente se pierde buscando un producto, se salta una oferta o abandona un pasillo porque no entiende nada. 

La cartelería es uno de esos elementos que, sin darte cuenta, influyen directamente en las ventas y en la experiencia de compra. Lo que pasa es que si no se hace bien, el efecto buscado de que un producto llame la atención se vuelve en tu contra y nadie lo verá jamás.

Hay unos errores muy frecuentes que debes conocer para no cometerlos.  

01. Carteles con letra demasiado pequeña

Es uno de los errores más extendidos. 

Carteles muy bonitos, muy completos… pero imposibles de leer si no te acercas a 20 cms, y en un supermercado, como ya sabes de sobra, nadie quiere detenerse a descifrar la letra: la gente va con prisa, cargando bolsas o empujando carros.

Cuando el texto no se lee rápido, se pierde el mensaje. Y si el mensaje era una oferta, una novedad o una recomendación, también se pierde la venta.

La solución es sencilla: tipografías más grandes, frases cortas y un diseño que se entienda en un segundo, no busques estilos de letra originales si no se leen con facilidad. Mejor la letra de siempre aunque no te guste mucho, pero que cumpla su función.

02. Usar demasiados colores compitiendo entre sí

Muchos establecimientos caen en el error de “cuanto más color, más llamativo”, pero ocurre lo contrario: demasiado colorido genera ruido visual y confunde.

Al final, el cliente no sabe dónde mirar y los carteles pierden fuerza.

El truco está en elegir una paleta limitada y mantenerla: un color principal para destacar ofertas, otro para señalizar secciones y uno neutro para la información general. 

Cuando hay coherencia visual, la tienda se ve más ordenada… y el cliente se orienta sin esfuerzo. En cuanto se da cuenta de qué significa cada uno, va directamente a buscar lo que necesita en cada momento.

03. Poner demasiada información en un mismo cartel

Una señalización saturada hace que el cliente no lea nada. 

Es normal querer contar todos los beneficios de un producto, pero ya hemos dicho que el cliente quiere sencillez, y que no se detiene a leer párrafos: frases cortas, mucho mejor. Cuando hay exceso de texto, el cerebro lo descarta automáticamente.

La clave está en simplificar: una idea por cartel, un beneficio por mensaje, un precio claro si es una oferta. Todo lo demás se diluye porque no sirve demasiado.

04. Falta de coherencia entre carteles permanentes y carteles temporales

Sucede mucho.

Imagina una señalización fija muy cuidada… y al lado, un cartel improvisado, torcido, con otro color, escrito a mano o impreso deprisa. Eso rompe la armonía visual y da sensación de improvisación.

El resultado es que el cliente no sabe qué información es importante y qué es temporal. Para evitarlo, vale la pena tener una plantilla base para carteles de ofertas, otra para promociones y otra para señalización fija. 

De esa manera, aunque cambie el contenido, la identidad visual sigue siendo la misma.

05. No indicar bien categorías ni pasillos

Cuando el cliente no encuentra lo que busca, se frustra. Y cuando se frustra, compra menos… o se va.

Muchas tiendas olvidan poner señalización clara en los pasillos o incluyen categorías demasiado genéricas (“alimentación”, “bebidas”, “básicos”). Eso no ayuda nada a quienes están buscando algo.

El cliente no quiere adivinar dónde está cada producto, lo que quiere es encontrar carteles claros, sencillos de leer y que digan exactamente por dónde empezar. Cuanto más específicos sean (“leches y vegetales”, “especias y condimentos”, “café e infusiones»), mejor fluye la circulación en el supermercado.

06. Señalizar ofertas sin destacar lo importante: el precio

Un error habitual.

Cuando se anuncia una promoción sin que el precio destaque sobre cualquier otra cosa, o peor aún, que la oferta no se entienda. Si el cliente tiene que hacer cuentas en su cabeza, ya te aseguramos que pasa de largo: no quiere pensar (y tampoco lo debe necesitar).

El precio debe ser grande, claro y visible incluso desde el pasillo. Y si hay un antes y un después, haz que también sea evidente. El objetivo es que la oferta se entienda en medio segundo. Si tarda más, no funciona.

07. Colocar carteles en lugares donde no se ven bien

A veces el problema no es el diseño, sino la ubicación. 

Carteles detrás de productos, a demasiada altura, en zonas mal iluminadas, o incluso colocados donde cualquier otro elemento tapa la vista: si el cliente no lo ve, no existe. Da igual si te has asegurado de no cometer los seis errores anteriores, si cometes este, nada de lo que has hecho hasta ahora importa.

Antes de colocar definitivamente un cartel, revísalo desde el punto de vista de una persona en movimiento:

¿Está el precio claro?

¿Se ve mientras caminas? 

¿Puedes leerlo sin detenerte?

¿Lo distingues desde la entrada del pasillo?

¿Lo lees con claridad sin que te confundan letras ni colores? 

Una pequeña prueba visual te da información real de qué siente la persona a quien quieres llegar y, en definitiva, puede cambiar por completo los resultados.

La señalización no es decoración, es una herramienta de venta que, bien hecha, trabaja sola sin necesidad de nada más, pero mal hecha, confunde, satura y hace que el cliente pase de largo. Debes pensarla bien y colocarla con mucho cuidado.

Con unos cuantos ajustes estratégicos, tu supermercado puede mejorar la navegación, aumentar la conversión por impulso y transmitir una imagen más profesional… sin la necesidad de gastar demasiado, ni tiempo ni dinero.

8 claves para sobrevivir los días: 22, 24, 31 y 5

Cada año ocurre lo mismo: llega diciembre y, de repente, el supermercado se convierte en un torbellino

Los días 22, 24, 31 y 5 son los más intensos del año. Pasillos llenos, clientes con prisa, productos que vuelan (aunque los repones una y otra vez) y un ambiente frenético donde cada minuto cuenta. 

Para muchos supermercados, estos días son sinónimo de estrés; para otros, son una oportunidad brutal de venta y fidelización

La diferencia está en cómo te prepares.

Planifica el stock con antelación y no con intuición

En estos días no puedes improvisar. 

Hay productos que literalmente desaparecen, pero lo bueno es que cada año pasa lo mismo, así que solo tienes que revisar tu histórico del año pasado y comparar días similares. Tan solo eso te da una pista clara para actuar este año.

No se trata de llenar el almacén sin control, sino de tener la cantidad justa para no fallar en productos clave. Cuando el cliente ve lineales llenos en días tan caóticos, percibe orden, confianza y profesionalidad. Sabrá que puede contar contigo cuando lo necesite.

Refuerza la reposición durante el día, no solo por la noche

Son días superfuertes: lo que repones por la mañana desaparece antes de que llegue la tarde. Y un lineal vacío a mitad del día resta ventas y da muy mala imagen. Es mejor tener a una persona dedicada casi al 100% a reposición durante las horas punta que correr a última hora.

El súper debe sentirse vivo, en movimiento, siempre con producto fresco y disponible. El cliente lo nota.

Prepara un recorrido más ágil para el cliente

Cuando tu establecimiento está lleno, la circulación se vuelve torpe. Y cuando el cliente siente que no puede avanzar, se frustra.

Intenta estos pequeños ajustes que pueden evitar atascos: 

Pasillos más despejados. 

Zonas de entrada y salida organizadas.

Expositores móviles desplazados a zonas más amplias, 

Productos más buscados colocados en puntos visibles y muy accesibles.

En días como estos, la rapidez es parte de la experiencia de compra.

Señaliza lo esencial de manera muy clara

Lo vives cada año: el cliente llega con prisa, con la mente en mil cosas y queriendo terminar la compra rápido. Cualquier obstáculo visual le roba tiempo.

 Por eso, en estos días, la señalización tiene que ser más evidente: ¿dónde está el hielo?, ¿dónde están las bebidas?, ¿dónde encontrar los dulces típicos?, ¿qué productos están en oferta?, ¿qué productos son novedades para las fiestas?, …

Pónselo fácil, y cuanto menos tenga que pensar, más fluida será su compra (más volverá)

Prepara una caja rápida de verdad 

Evita filas eternas, son el gran enemigo de estos días.

Si puedes habilitar una caja adicional, hazlo. Si puedes convertir una caja tradicional en autoservicio temporal, también.

Lo fundamental es que avancen rápido, incluso cuando haya mucha gente. Un cliente que se siente bien atendido en días de locura, es un cliente que vuelve en enero y en el resto del año.

Ten personal extra para resolver dudas

Estos días la gente pregunta más: ¿dónde está X?, ¿hay más stock de Y?, ¿cuál es la mejor opción para Z? Tener a alguien disponible para resolver dudas agiliza la compra, evita atascos y mejora muchísimo la experiencia.

No se trata de aumentar la plantilla si ves que no lo necesitas. Solamente con contar con un par de personas que puedan moverse por la tienda para atención rápida es suficiente para dar seguridad a quien está aturdido entre tantas opciones.

Cuida especialmente cada día clave

Cada uno de ellos tiene sus particularidades y tenerlas en cuenta de antemano ayuda a que todo vaya como la seda (y nadie se quede sin nada). Si creas pequeños espacios con estos productos protagonistas, las ventas suben y los clientes no tienen que recorrer toda la tienda para encontrarlos.

Además, no olvides tener en cuenta dietas especiales (vegetarianas y veganas) e intolerancias (sin gluten, sin lactosa, …), son clientes que tienen limitaciones en su compra y les resulta más difícil encontrar productos estos días.

Día 22: el pistoletazo de salida 

La primera gran ola. 

La gente empieza a comprar para las cenas, pero aún no están en modo “urgencia máxima”. Eso te da margen para organizarte y marcar el ritmo del resto de la campaña.

Este día es ideal para ordenar, reforzar y anticipar. Ten bien surtidas las categorías que más sufrirán en los próximos días: frescos, refrigerados, bebidas, dulces navideños y productos típicos. 

Además, es un momento perfecto para revisar la señalización interna y asegurarte de que los clientes encuentren lo que buscan sin tener que preguntar cada tres pasos. 

No hay que olvidar que cuanto más autónomos sean, menos atasco tendrás en tienda y menos van a interrumpir la dinámica del personal.

El día 24: la compra del último minuto 

El 24 es adrenalina pura, la locura absoluta. 

Todo el mundo tiene algo esencial que se le ha olvidado, un cambio de planes, un “me falta el pan”, un “trae tú el postre que yo no llego”.

Es el día más emocional del mes (y hasta del año), donde la prisa manda y la paciencia del comprador va justita, porque nada puede fallar.

Aquí no vale improvisar.

Debes tener las cajas fluidas, abrir todas las que puedas y reforzar con personal extra en horas pico. También es clave tener islas de productos rápidos en zonas estratégicas: panettones, bandejas de quesos, vino, turrones… lo típico que la gente coge al vuelo.

La tienda debe estar muy ordenada desde primera hora, porque después del mediodía apenas tendrás tiempo de reponer con calma.

El día 31: el 24, pero con glamour y cava

Se parecen mucho, pero con el añadido de que ahora entran en juego productos más festivos: uvas, bebidas premium, charcutería fina, canapés, aperitivos preparados y todo lo relacionado con la cena de fin de año.

Refuerza las zonas de frío: los clientes abusan del “lo compro ya preparado”, porque no tienen mucho tiempo de preparar nada.

Haz que las uvas sean imposibles de no ver: carteles claros, colocación en cabecera y muchas opciones (en tarrinas, en bolsita, sin pepitas…), que sea como sea que le guste tomarlas, en tu local tengan esa opción.

El día 5: el rey del “ups, casi se me olvida”

Es el día de la compra improvisada por excelencia.

Sin duda, es el más peculiar: mezcla compras de comida y la fiebre de última hora de regalos, dulces, roscón y pequeños detalles.

Ten preparado un rincón de emergencias: pilas, juguetes pequeños, bolsas de regalo, caramelos, turrones rebajados, chocolatinas y productos que salvan la vida a quien llega desesperado (que ya verás cómo serán unos cuantos).

Sin olvidar que el 5 todo el mundo compra roscón. Mucho y durante todo el día.

Mejor si lo señalizas con claridad, lo colocas en una zona de impacto y lo complementas con bebidas calientes, cacao, leche vegetal o lo que mejor funcione en tu tienda.

Cuida el ambiente: música, orden y una sensación de control

En días de mucho tráfico, el ambiente pesa y tiene una importancia mayor que en otros meses. 

Música demasiado alta, pasillos caóticos o carros acumulados transmiten estrés. Por el contrario, un local que transmite orden influye en el comportamiento del cliente. Incluso algo tan simple como mantener limpios y ordenados los pasillos o reorganizar los productos más manejados da esa sensación de calma y control que necesitan para realizar la compra.

Los días clave no tienen por qué ser un caos. Con un poco de estrategia y algo de anticipación, estos días pueden convertirse en los más rentables del año sin acabar con la paciencia de todo tu equipo.

La sensación que se lleve el cliente en pleno estrés navideño marcará si vuelve contigo o busca alternativas.